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martes, 6 de noviembre de 2012

La doula y el masajista. Una historia de amor, servicio y mucho meneo.



¿Cómo puede uno desarrollarse profesionalmente al margen de lo personal? ¿Se puede tener éxito en el ámbito profesional y ser un desastre de marido, madre, padre o hija? La respuesta es: ¡por supuesto! Uno puede dedicarse a cualquier desempeño dentro de esta sociedad y tener éxito en él, y simultáneamente ser un desgraciado infeliz, esclavo del tiempo, del dinero, o del azúcar, incapaz de cubrir la más mínima necesidad afectiva, de decir te quiero o de perpetrar un cálido abrazo. Se puede ser también un desastre en todos los ámbitos, esto también por supuesto, y se puede además pasar por el mundo sin pena ni gloria, sin comerse demasiado el tarro, ni con las cosas terrenas, ni con el más allá, y estar incluso, más o menos, tranquilo/a con todo el mogollón de la vida de fondo.

Hay quién dice que no es tan importante el hacer, o el tener, como el ser. El Ser con mayúscula, la conexión con lo divino, con la fuente de vida. Todo lo demás, como el tener, o el hacer, se vuelven superfluos, o insustanciales, si no emanan directamente de el Ser.

(Personalmente) reconozco haber estado enredado en esta última premisa durante un largo rato. Intentando estar alineado con el ser, con la fuente, con mi verdadera esencia(sea lo que sea que esto signifique) y esperando que, una realizada la conexión, hallada la paz interior, todo se alineara fuera. Los planetas, los acontecimientos y los por cientos. Y, bueno, después de mucho alineamiento( a veces, también, alienamiento) interno parece que sigue habiendo un motón de cosas, ahí fuera, por hacer y otras tantas por tener.

Hace ya seis años que conocí a Carolina. Por aquel entonces, yo entraba en la categoría de "desastre multinivel", que quiere decir que no daba pie con bola y me sentía más incómodo y paralizado que un teletubbie en una cama de velcro. Entonces llegó el amor como un bálsamo... La fuerza y la motivación, el sentirse amado y amar en esa medida, fueron un motor de acción y conciencia en mi vida. Gracias, Carolina, por tan preciado acompañamiento.

Carolina me re-conectó con el yoga que fue una tabla de salvación en aquella época de depuraciones y desintoxicaciones a muchos niveles. Yo acaba de titularme como quiromasajista, había estado estudiando mientras cobraba un jugoso paro que me permitió no sólo estudiar quiromasaje, también gocé de un delicioso tiempo para dedicarme al amor y la vida alegre, a la exaltación de las pasiones y los afectos, y a maravillosas horas de asueto,  merendolas y cenitas por toda la ciudad( gracias desde aquí al Ministerio de Trabajo y a todos los contribuyentes que cotizaban por aquel entonces). Carolina dejó el trabajo de hostelería que desempeñaba y nos fuimos a viajar por el mundo. Primero a Italia, después México, Argentina. Seguimos practicando yoga en cada uno de estos países, y desempeñando nuestro nuevo trabajo de servicio y sanación, primero con las masajes y después incorporando el yoga a medida que nos vimos preparados para compartirlo e integrarlo con los masajes.



Muchas cosas han acaecido en estos seis años, muchas idas y venidas, altos y bajos en el camino. Crisis, perdidas, muertes y resurrecciones en diversos ámbitos y formatos. No es cuestión de destripar aquí las entrañas de una relación. Se trata más bien de mostrar que somos humanos. Seres humanos. Viviendo la vida, tratando de no volvernos locos por el camino, mientras encontramos lo mejor que hay en nosotros para dárselo al mundo. Nuestro hijo Rama tiene ya tres años y a resultado el recurso de aprendizaje más potente que todos los retiros de meditación, de formación y que todas las escuelas de yoga juntas. Nos ha enseñado la importancia de tener, y de hacer, y a puesto estos dos verbos en su justo lugar, dignificando su significado y ortongándole valor y sentido a la tierra, esto es la materia, a la ropa que nos cubre y al techo que nos cobija. Nos ha vuelto más humildes y mansos. Nos ha mostrado un amor que no conocíamos, un amor que no juzga, no evalúa y que se renueva a cada instante de forma fresca, espontánea y natural. Gracias Rama por elegirnos. Nos honra ser tus papás, acompañarte y que nos acompañes en este extraordinario viaje.

El sentido de la tierra es meterse de lleno en la faena del hacer y el tener, sin desconectarse de la fuente, de la fuerza y la sabiduría infinitas que gobiernan el universo, que mantiene viva cada célula de nuestro cuerpo, que creó el milagro que es Rama, y que crea los millones de milagros que diario nacen de un madre y de un padre, que hace caer la bendita lluvia sobre justos e injustos, y que hace crecer la hierba, y hace madurar los frutos del árbol. El sentido de la tierra es, sin perder esta maravillosa conexión, asumir nuestra responsabilidad de crear y crecer en plena libertad y conciencia.

Cada vez tiene menos importancia quién hace las cosas, y va cobrando vital importancia lo que se hace y el karma que las acciones producen. Lo que se hace desde aquí, desde esta familia, desde esta manifestación mononuclear de la gran familia cósmica, es dar masajes, acompañar, doulear, servir. Siempre con el yoga y su práctica penetrando en cada ámbito, del salón a la cocina, colmándonos de bendiciones.

La Doula: Carolina Pino









El masajista: Rafael Medina











om luz
GRACIAS

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