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sábado, 7 de julio de 2012

Diario de búsqueda. Capítulo 9: La Perfección



Menos mal que ya soy perfecto. Me estaba agobiando. Siempre veía que me faltaba algo, alguna cosilla que arreglar, alguna carencia de algo superimportante que me hacía sentir incompleto, vacío, insatisfecho. Siempre un poco mosca, muy preocupado por ser bueno, y amable, y muy solidario y siempre dispuesto y apuesto, y contento, y saludable y correcto. Qué alivio aflojar un poquito. Mi práctica era casi perfecta. Esto es disciplinada, constante y sincera y honesta y digna de mención. Pero desde que le quité el "mi" a la práctica ya ni practico y además me da igual, y me relajo hasta en savasana (esto es tirado a la bartola). 

Puede que esto no tenga ningún significado para ti que estás leyendo esto, pero eso ya tampoco importa.  Cada vez importa menos, menos preocupación, menos vueltas a las cosas, las cosas más sencillas y más sencillas las cosas, y tampoco era para tanto, eran más la vueltas y las preocupaciones y el intentar llegar a no sé dónde y lo antes posible, que el hecho impepinable de que estamos aquí y ahora y que fuera de esas coordenadas se empieza a enturbiar y a omplicar la cosa,  y a dar muchos quebraderos de cabeza, y yo ya no estoy para tanta tontería.

En fin, no penséis que me he vuelto loco, aunque un poco sí. El caso es que ya nos podemos relajar, ya somos lo que queremos ser y esto es una gran noticia. Ya somos perfectos, y perfectas, aunque una vocecita en la cabeza afirme que "verás qué bien vamos a estar cuando esto o cuando lo otro", o aquello de "si no hubieras dicho o hecho tal o cual cosa, lo felices que seríamos ahora, oye". Hay que ver, anda hijo que siempre estás igual y cambia ya el disco. Todo está bien, así como está, y estará bien cuando sea de cualquier otra forma, porque la forma es forma y no podemos esperar encontrar estabilidad y solidez en algo tan inestable e impermanente como la forma, Párate, respira, siente la vida recorriendo tu cuerpo, todo está bien, todo está en su sitio, todo está cambiando sin que cambie nada, en lo profundo, en la esencia, una gran nada sustentando este todo que se sumerge de nuevo en la nada. 

¿Y que podemos hacer, entonces? Haz lo que te de la gana, di lo que te parezca, baila con la que más te guste si se deja y si no date la vuelta y sigue bailando, cantando, riendo soñando este sueño de locos, sigue jugando para ganar aunque pierdas, o piérdelo todo para ganar, y gánalo todo para perderlo, pero sobre todo ama, "ama y haz lo que quieras" como decía San Agustín, y qué razón tenía este bendito de Dios.

Yo estaba esperando a ser perfecto para poder ser feliz, y, la verdad, ahora que lo soy me siento liviano como una brizna de hierba, y luminoso como el sol del medio día, casi cegado, abierto en canal y enamorado. De lo único que tengo ganas es de tocar la guitarrita y de tostarme en la playa, que para eso es veranito, y todo va más lento, porque no se puede ir rápido con estas calores, y así es como es. Perfecto.

Siempre hablo de Gemma Martín Naranjo en estos capítulos de mi diario. Ella me viene acompañado desde hace cuatro meses en un proceso de coaching que ya llega a su fin, con Gemma he recorrido un camino hermoso, de reencuentro con lo que soy, un camino desde el hacer al ser, y en el hacer desde el ser comienza de nuevo el camino, y todo nuevo y fresco y libre. Aún queda una entrega de este diario, el capítulo diez, y que llegará a su tiempo, pronto, ahí se cerrará el círculo para abrirse de nuevo.



¡La emoción es contagiosa!





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