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lunes, 11 de junio de 2012

Diario de búsqueda. Capítulo 8: Los Otros.



Los otros. Esos que están ahí afuera, diciendo, haciendo, estando, siendo. Las otras, la otra, los otros, el otro, el tío de la moto. No se concibe un mundo sin otros. Están ahí siempre. Nuestros padres, nuestra pareja, nuestros hijos, la jefa, el empleado, la camarera, el taxita, el mendigo, la abuela. Están en todas partes, están en el propio cuerpo y en el televisor, en la cama, el baño, hay huellas por todas partes. Transportan nuestros alimentos después de haberlos cultivado y recolectado, promulgan leyes, asfaltan la calle, recogen la basura, ríen, abrazan, duelen. Los otros. Fabrican nuestra ropa, y el dinero que la compra, alumbran las calles. El televisor está superpoblado, demasiada gente gritando, riendo, doliendo. Los otros. Los amigos, mi hermana, los niños, el policía local con su gorra, su guolquitolqui y sus armas.

Esos que están ahí fuera, esos que criticamos, juzgamos, condenamos, aquellos de los que nos enamoramos, aquellos a los que culpamos de nuestras desdichas. ¿Quienes o qué son exactamente? ¿Por qué parece haber una brecha insalvable entre ellos y yo, un abismo separante y excluyente? ¿Qué es eso que nos aísla, que nos convierte en islas solitarias, más o menos desoladas, en medio de la muchedumbre?

Algunos, abrumados ante tanto otro, deciden retirarse, meterse en una cueva o perderse en el desierto, algunos se quitan la vida, otros se refugian en las adicciones, casi todos evitan mirar, mirarse, reconocerse en el otro, ver al otro en uno mismo, es una huida hacia adentro, hacia la nada, al vacío. Hay unos a los que llaman renunciantes, renuncian al mundo, dicen, a los placeres y las angustias mundanas, dicen, pero creo que huyen de los otros, puede que de sí mismos. Volver al mercado, es la expresión que usan para decir: Estoy un poco más calmado, pero no soy sin nada sin vosotros, la felicidad, la paz y la libertad no son reales si nos son compartidas.

Hace dos meses que empecé una formación de Coaching enfocado al desarrollo y  la intervención social, esto es un grupo de otros tratando de mirar en dos direcciones a la vez, hacia adentro y hacia afuera, al mismo tiempo. Intentando sanar para poder ayudar a otros, ayudando a otros para sanarse a sí mismos. He llegado a plantearme seriamente si realmente existen los otros, si no son una especie de reflejo, de proyección fantasmal, o alegórica, de mi gran meneo interno. Hay demasiadas similitudes, demasiadas exactitudes, parecen estar puestos ahí a propósito. Y resulta que cuanto más me abro las carnes y me dejo ver y me expongo ante ellos, menos los siento como los otros, más me disuelvo. Mi cuerpo parece diluirse, comienza con un leve hormigueo que me recorre y pronto se convierte en una sensación efervescente, como millones de burbujas agitándose, como si todos los átomos que me constituyen se hubieran puesto a bailar a la vez, es algo placentero y vertiginoso, una promesa de disolución en el otro, un vislumbre de unidad e integridad excitada.

Hace cuatro meses que empecé a recibir sesiones de coaching, ocho sesiones para ser exactos, con Gemma Martín Naranjo. Su compañía, su visión y su escucha atenta me han ayudado a ver en mí lo que no quería o no podía mirar, simplemente porque el otro, la otra en este caso, amplía nuestra percepción a partir de la suya, a partir  de su mirada ganamos nuevos ángulos de visión, nos sirve de espejo, de reflejo ecuánime de nuestra alma, se convierte en una linterna que nos alumbra por dentro y nos contempla en nuestra abrumadora complejidad.

Benditos sean los otros y las otras todas, sin excepción, sin exclusión. Bendita sea la forma plural, diversa y y compleja en que se manifiesta el mundo y la gloria que nos aporta el sentirnos hermanados e integrados en su totalidad. Gracias por estar ahí.


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