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viernes, 4 de mayo de 2012

Diario de búsqueda. Capítulo 6: Bienaventurados los mansos.


Se acabaron las cinco entregas del coachee aguerrido, pero no se acabaron. Se acabaron porque se anunciaron cinco, y esas cinco fueron escritas y expuestas. Pero no se acabaron porque no se acabó el proceso de coaching que empecé con ellas. No sé cuántas sesiones más de coaching necesitaré, no sé cuándo se acabe, o cómo, este proceso, el caso es que cinco no eran suficientes, ¿suficientes para qué?, ¿suficientes para mí, para sentirme capaz de soltarme y andar sólo? No lo sé, la verdad es que me encanta ser acompañado, ser ayudado y asistido. Durante años viví la fantasía de la autosuficiencia, de creer que no necesitaba a nadie para crecer, que todo estaba en mi interior, todas las respuestas y que sólo tenía que hacerme las preguntas adecuadas y las respuestas vendrían a mi encuentro, y reconozco que aún me resulta tentador creer en esto, y puede que haya algo de verdad en ello, pero que vanidad y que soberbia pensar que no necesitamos a nadie, que hay distintos niveles de consciencia, que unos están más evolucionados que otros, que idea tan absurda pensar que uno haya llegado a algún sitio por encima, o más allá de alguien. En tanto sigan apareciendo en mi campo de conciencia, mientras yo siga percibiendo gente ignorante, seré un ignorante, mientras siga encontrándome con los violentos, con los locos, con los intransigentes, yo seré un loco, un intransigente y un violento. Seré el asesino, el violador y el torturador mientras siga viendo a todos estos fuera de mí, como algo ajeno a mí, separado de mí. Y en al medida en que los vea en mi interior me libero y los libero, los acepto y me acepto, y en la medida en que los amo, me amo. Qué trabajito me está costando apercibir esto: diluirme en el mundo, perderme, disolverme, para poder encontrar la parte más genuinamente mía, algo que pueda llamar mío sin sentir vergüenza o miedo, sin sentirme separado o excluido, y revindicar eso que me distingue del resto como Dios en mí, mi propósito y mi grandeza como ser humano, el sentido y la clave de que aparezcamos en este sueño como entidades separadas y autónomas. Personalmente creo que no hay ninguna realización que alcanzar, sólo un alma que atender, escuchar y permitir que se mueva libremente. Suzuki roshi dice que no existen personas iluminadas, sino actos iluminados, y creo que esto es una gran verdad, creo que sólo a través de la acción, de la acción atenta y consciente, podemos realizar, no a nosotros mismos, sino a la manifestación pura de la Gran Alma, Dios, Vida, o como queráis llamarlo. Sólo actos conscientes, respiración consciente, caricias conscientes, trabajos conscientes, palabras conscientes. Eso es todo lo que está a nuestro alcance. Vivir una vida plena y consciente desde al atención, el amor y la compasión. Esa es nuestra realización, la que está a la mano y la que da lugar e incluye todo lo que existe.
He renombrado el Diario del coachee para dejar de ser aguerrido, que significa ser instruido para la guerra, y acceder a la mansedumbre y a la alegría para realizar mi vida, mis actos. La mansedumbre dejará espacio al coraje que se necesita para dar cada paso y la alegría no impedirá vivir otras emociones como la tristeza, el miedo o la rabia, entraré y saldré de ellas para volver a la ternura y a la alegría de nuevo.
Quiero agradecer una vez más a Gemma Martín Naranjo, su ayuda, su compañía y su trabajo. Gracias por ser, gracias por estar, gracias por acompañarme y permitirme ser y estar.
Os invito a todas y todos a visitar su blog, ATRÉVETE AL CAMBIO, y a poneros en contacto con ella para beneficiaros de su trabajo.
Os agradezco también la estupenda acogida que estáis dando a este Diario de un coachee, me alegra saber que está siendo en beneficio de muchos, que os sirva de acompañamiento en vuestros propios procesos de cambio y que os aliente e impulse en vuestras nuevas acciones.
Deseo que la Paz sea con vosotras y vosotros. Como dice Onetti, no paz de tregua, sino total y definitiva, paz como una dulzura resbalando por las venas.


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