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jueves, 22 de marzo de 2012

Diario de búsqueda. Capítulo 3: Dulce Rendición.


Al parecer las creencias no son más que ideas, o pensamientos, que se han repetido incontables veces en nuestra mente, hasta que se han instalado ahí de forma permanente, de modo que influyen constantemente en nuestras decisiones, en nuestras acciones y, por lo tanto, determinan nuestra experiencia. Al principio estas creencias vienen de afuera, concreta y mayormente de parte de nuestros padres o tutores. Todo lo que ellos decían y sentían a cerca del dinero, la sexualidad, la familia, Dios, el amor, los vecinos, la comida, o cualquier otro asunto, a base de incesantes repeticiones, se acababa por instalar en nosotros como firmes creencias. Incluso para los más respondones y cuestionolotodos de entre nosotros era imposible no ceder ante el aluvión permanente de frases, por lo general negativas, a cerca de temas tan esenciales como el amor, la salud y el dinero. Las creencias son fuerzas muy poderosas, ciertamente pueden mover montañas, se graban a fuego en el subconsciente y luego no salen ni con agua caliente. Muchas veces, a pesar de que uno empieza a trabajar sobre estas cuestiones y, a un nivel consciente y lógico, observa lo absurdo, a veces pueril, de algunas de estas creencias limitantes, nos cuesta traerlas totalmente a la luz y reemplazarlas por otras que nos otorguen poder, salud y paz. Tenemos una memoria compartida de siglos y siglos, generación tras generación, de muerte y dolor, de sueños asesinos, codicia, depredación y degeneración; la mayor parte de nuestras acciones, por no decir casi su totalidad, a excepción de dos o tres momentos de gozosa inspiración y libertad, son movidas y generadas por el subconsciente, por esa masa de dolor antiguo y ancestral que nació con la expulsión del Edén, con la separación, la desconexión con la Fuente, y que constituye, a su vez, el fundamento de este anhelo poderoso de retornar al Hogar, a la Unidad, a la Comunión con lo Divino.
Este dolor residual, tallado en la roca dura de la lúgubre caverna mental, estos samskaras, se van limpiando y eliminando a base de perdornar y perdonarnos, a base de desarrollar la ecuanimidad y la atención plena en el momento presente, de aceptar lo que Es, tal cual Es, de desapegarnos, soltar y confiar. Parece que la mente se limpiara poco a poco. Como las capas de una cebolla, se van desprendiendo estos residuos, estos viejos dolores, y van dejando paso a dulces oleadas de arrobamiento extático, de deleitosa comunión, hasta topar con la siguiente capa, o con la primera desavenencia o contratiempo, y vuelta a empezar. Qué trabajito cuesta, y qué profundidad no tendrá este pozo sin fondo del subconsciente, que ya no sabe uno a quién perdonar, que terapia desflorar, o cuántas horas de ecuanimidad meditativa desempeñar. En fin, paciencia nos de Dios, que parece que va para largo.
Aquí ya no parece que este coachee este hablando de coaching, pero es que el coaching que hace Gemma Martin Naranjo, es especial. Gemma trabaja desde un lado más humano y armonizador, las palabras competencias, metas y objetivos, no resuenan tanto como las palabras coherencia, responsabilidad y creencia.
Podemos sustituir viejas creencias por otras nuevas, si aquellas nos limitan y aprisionan, o podemos trabajar sobre las creencias que ya tenemos para que nos den poder y fuerza. Podemos culparnos y culpar a otros, o podemos hacernos responsables del 100 % de nuestra experiencia. Podemos resistirnos y encabezonarnos, tropezar cuantas veces queramos con la misma piedra, como podemos relajarnos, dejar de resistirnos y confiar. Mi creencia es que nuestra capacidad de elección se limita a dos opciones básicas: resistencia o rendición. Aparentemente solemos inclinarnos por la resistencia, porque tenemos la sensación de que rendirnos es perder la libertad, pero no es así. Es la resistencia la que nos hace esclavos de esa vieja memoria, de ese lastre de impulsos subconscientes, esclavos del pasado y huérfanos de futuro. Es la rendición lo que da cabida a la inspiración, a la revelación, a la frescura del momento presente y a la conexión   con la Fuente de todo bien.


ATRÉVETE AL CAMBIO
Y
QUE LA PAZ SEA CONTIGO

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