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sábado, 10 de marzo de 2012

Diario de búsqueda. Capítulo 2: El lado oscuro del mogollón.



Si alguien pudiera oír, o ver, o apercibir de algún modo toda la maraña de pensamientos, imágenes e intuiciones que se nos pasa por la cabeza. Si nosotros pudiésemos mirar dentro de la mente de los demás y asomarnos, por unos instantes, al torrente de ideas y formas mentales que surgen constantemente, a borbotones, de Diosabedonde, nos daría un patatús; no por la apabullante cantidad de información, que también, sino por el hecho principal de que por mucho que pueda hablar una persona, y las hay que hablan hasta por los codos, y escriben hasta con los pies (pongamos por ejemplo a Ramiro Calle, o el trascendido Sivananda, que podrían enterrarnos en letras impresas), por mucho afán en que uno ponga en largar el rollo, más, mucho más, queda escondido y oculto en la caverna de las ideas, no la platónica, sino la mogollónica caverna de la mente individual, que dicen que a su vez es compartida (por suerte, si toda mente es parte de una Gran Mente Única, todos tenemos nuestro tabiques individuales que impiden que nuestro cónyuge escuche lo que en realidad estamos pensando mientras decimos "Sí, cariño, me encanta que vengan tus padres el domingo"). 
No es tan rápida la lengua, ni tan ágiles son las manos (ni los pies), que puedan decir o transcribir lo que acude a la mente constantemente y desde todas las direcciones del espacio interparietal. Es maravilloso que gocemos de la libertad de escoger, seleccionar y mirar muy bien lo que vamos a decir antes de decirlo, o escribirlo, porque esto nos hace relacionarnos con cordialidad y ser efectivos en la comunicación de eso que queremos exponer o transmitir. El problema es que muchas veces, más de lo que pensamos, esas elecciones no son tan conscientes y libres como creemos, y que hay mucho ahí, en ese lado oculto, la columna izquierda, como algunos lo han llamado, una sombra jadeante, asmática y con espada láser, que acecha en silencio, perpetrando insatisfacciones, poniéndonos la zancadilla en los momentos cruciales, en la toma de decisiones y   a la hora de emprender acciones efectivas. Oscuros rincones del alma donde no queremos mirar, pero que están ahí, mirándonos,  acechando en la sombra. Nietzsche decía: "Cuando miras al abismo, el abismo también te mira". Y creo que se refería a esto: a mirar de frente nuestra oscuridad, nuestras dudas, nuestros miedos, nuestra incertidumbre. Mirar al abismo, ver que también nos mira y aguantarle la mirada, sostenerla, mantenernos ecuánimes e impertérritos, dejar que el corazón se sosiegue, la respiración se haga calma y fluida, y dejar que las sombras se desvanezcan, que el abismo se llene de luz para contemplar la inmensidad de lo que realmente Somos.
Todo este proceso de coaching que estoy viviendo, junto con mi entrenadora Gemma Martín Naranjo, está siendo, mayoritariamente, y por ahora, un proceso de mirar hacia donde no quiero mirar, o me cuesta mirar, o que ni siquiera sabía que podía mirar, visitando todos esos seres que ando siendo, todos esos personajes que me habitan, el Santo, el Chusma, el Narcisista, el Criticón, el Currela, el Idealista, ese sistema complejo, fragmentado en millones de piezas de un mágico caleidoscopio multicolor, sempiternamente cambiante, multiplicante y desvariante que hace que asomarse ahí sea una experiencia vertiginosa, apasionante y embriagadora. Creo que era Jung quien decía: "Quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia dentro despierta". Me quedo con esta invitación a mirar adentro, aunque este oscuro. También las pupilas del alma, poco a poco, se van acostumbrando a la oscuridad, a ver en la oscuridad, y pronto surgen destellos de luz, fogonazos de claridad, vislumbres de la materia con que estamos hechos, que es la misma materia con están hechos los sueños, y entonces deviene más fácil abrir los ojos y seguir soñando el sueño de la Vida, ahora con más lucidez, más tranquilos, dándole su justa importancia.
Gracias, Gemma.
Visita el blog de Gemma Martín Naranjo,
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Una de las tareas que se han derivado de este proceso de coaching ha sido la creación de un Curriculum Vitae. Hacía un siglo que no escribía uno, siempre me había parecido un tostón, y no entendía como un montón de datos sobre tu experiencia laboral pudiese decir algo sobre quien eres realmente. Lo cierto es que he disfrutado con la creación de este CV nuevo y me gustaría compartirlo con vosotros y vosotras. Quizá os ayude a crear uno nuevo o a mejorar el que ya tenéis. Puede que alguno conozca a alguien a quien pueda interesarle contratarme para realizar un magnifico trabajo, muy bien remunerado, y donde pueda expresar toda mi creatividad. Si esto es así, enviadle el enlace sin tardanza. Gracias. Y que la Paz sea con vosotr@s. Toda la Paz.


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