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domingo, 4 de marzo de 2012

Diario de búsqueda. Capítulo 1: Amanecer


Amanecer. Los gorriones reciben el día en sus primeras, tenues luces, con sus cantos, alborozados, eufóricos, como si vieran los primeros rayos por vez primera y todo fuera un canto de alabanza y alegría por el comienzo del mundo despertando ante sus diminutos ojos negros. Yo también me despierto con las primeras luces, también comienzo mi práctica cantando: ooooooommm namoooo guredev namooooooo!! Y mi corazón se llena de alegría. Y doy gracias por un nuevo día. Pero existe una diferencia entre lo que hacen estos gorriones y lo que hace uno al despertarse. Lo mío se llama disciplina, lo de los gorriones es, como diría el Don Juan de Castaneda, impecabilidad, ellos están realizando su Ser, sin esfuerzo y alegremente, se limitan a Ser lo que Son. Yo me pongo el despertador. Por suerte, mi smartphone Samsung Onix, me permite elegir la melodía que me despertará. He elegido To Baby, the Vetiver, para darle un toque modernito a la Sadhana: You gave me all the love that's necessary, when two people try to find themselves, love beyond all common sense, based on some sweet permanence, with only one and baby I thought I needed you... in a changing world, baby, I thought I needed you...
Yo no quiero ser disciplinado. Yo quiero ser impecable, como los gorriones, como la luna, el sol, como los árboles y los lacto bacilos, como todo lo que está puesto ahí fuera y se dedica a Ser alegremente y sin esfuerzo. Porque la verdad es que yo lo hago alegremente, con toda la onda, pero no sin esfuerzo. Siento siempre, o, para ser totalmente exactos y fidedignos, muy a menudo, una fuerza opositora, una resistencia reticente y obstinada. A veces, cobra la forma de un saboteador interior, una vocecilla hiriente y machacona que intenta llevarme en el punto muerto de la inercia hacia la entropía, y de ahí a la pachorra y la desidia. Es cierto que esa vocecilla se ha debilitado con los años de práctica, que ya, la mayoría de las veces, no es más que un vago intento de sabotaje, una débil voz que se ahoga tras el tronido del primer pedo mañanero, y acaba arremolinándose en el desagüe de la bañera, con la fresquita agua de la ducha, para perderse definitivamente, o, mejor dicho, por el momento: ¡Hasta la próxima!
Aún queda trabajo por hacer, eso es todo. Ya he perdonado a mis padres, que, en realidad, resultaron ser tan inocentes como el agua del arroyo, me he perdonado a mí mismo, he practicado yoga, meditación, chi kung, entre otras disciplinas durante años. He realizado todo tipo de terapias alternativas, desde las benditas Flores de Bach hasta las Constelaciones Familiares. Después de mucho esfuerzo y dedicación puedo decir, abierta y honestamente, que me amo. Me amo como amo el rocío sobre la florecillas del campo y como he amado y amo esa dulce sensación de intrascendencia trascendente, mezcla de gozo y modorra, de pasar toda la tarde tirado a la bartola, mirando pelis ñoñis y engullendo palomitas y guarradas varias. Me amo, de verdad, me amo, y sin embargo, ahí sigo, cometiendo los mismos errores, enredado en lo mismos bucles, doble loop y vuelta a lo mismo, lo he vuelto a hacer. ¡¡Nooooooooooooooo!!
He fijado mis objetivos, mis sueños, mil veces, y mil veces he ido a por ellos, con entusiasmo, resueltamente, como un guerrero que se dirige a la batalla buscando su victoria, asumiendo los riesgos, calculando infalibles estrategias, alerta, sin miedo. Luego, aparecen las primeras contrariedades, si no sería mejor posponerlo, esperar que aparezcan las condiciones adecuadas, el momento adecuado, la gente adecuada. Frustración, abatimiento. Ya no me amo tanto.
He decido emprender un proceso de Coaching. Parece ser, por lo que oído y leído, que es un antídoto infalible para curar a desesperanzados autorrendidos como yo. Me he puesto en contacto con Gemma Martín    Naranjo, la he visto en blog de la YogaSala, y yo de esta gente ME FÍO. Gemma a va ser mi Coach, aunque yo prefiero llamarla Entrenadora, me suena mejor en español, no sé por qué, porque hay palabras que me suenan mejor en inglés como pancakes, muy por encima de la francesa crepes, en español latino panqueques. En fin, que se me va la pinza. Estoy dispuesto a entregarme en cuerpo y alma al Coaching, ya está bien de teorías. Es hora de pasar a la acción. Quiero emprender acciones verdaderamente efectivas, revolucionarias, transformadoras, mogollónicas y molonas. Quiero hacer mis sueños realidad, hacer lo que viene hacer este mundo, conectar con todo mi potencial y entregárselo al mundo, que, por su parte, se lo merece.
Veamos... Qué es esto... Atrévete al Cambio... Mmmmmmmmm... Interesante... Próximos talleres... ¡ME APUNTO!




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